Desde el inicio de la pandemia de coronavirus (COVID-19.9) la situación laboral ha cambiado de forma notoria, siendo el teletrabajo uno de los cambios instaurados más importantes. Para muchas personas, constituye la primera experiencia de trabajo a distancia, lo que representa un desafío propio y sin ningún precedente.
Esta situación, junto a la alteración de las rutinas diarias, puede llevar a un aumento de estrés, ansiedad y empeoramiento del estado anímico.

Estudios realizados hasta el momento ponen en evidencia que el teletrabajo puede tener un impacto emocional negativo importante. Es por ello que conviene prestar atención a los potenciales efectos negativos  (y a las problemáticas psicológicas que se puedan originar o desencadenar), a fin de prevenirlos y evitar que se desarrollen, o intentar que su impacto sea el menor posible.

A priori, esta nueva modalidad laboral parece una situación ideal, y ciertamente tiene muchas ventajas. Pero muchas veces, las circunstancias de nuestra vivienda o del resto de personas que también conviven en ella, pueden llevar a situaciones verdaderamente incómodas, en donde el ambiente propiciado para el teletrabajo dista de ser el más favorable. En definitiva, implica lidiar con situaciones de estrés, límites laborales y familiares, y conflicto entre el trabajo y la familia.

Los efectos negativos del teletrabajo pueden incluir dificultades en la conciliación de la actividad laboral con la gestión de los cuidados infantiles, tener que pasar largas horas trabajando en espacios no del todo propicios (como la mesa de la cocina o del salón), o combinar el horario de trabajo con la realización de tareas domésticas. El compartir los mismos espacios para el trabajo y el ocio en nuestros hogares podría llegar a complejizar algunas de las rutinas familiares, alterar los ritmos biológicos, aumentar la distraibilidad, o fomentar la aparición de sentimientos de soledad, irritabilidad y sensación de aislamiento.


Factores de riesgo psicosocial, como las altas cargas y ritmos de trabajo, las largas jornadas laborales, la percepción de tener que estar disponible en todo momento, la excesiva fragmentación de las tareas, la escasa autonomía y control sobre las tareas, una pobre cultura organizativa, y conductas de ciberacoso, pueden, entre otros, afectar negativamente la salud psíquica de las personas. Esto podría conducir a problemáticas más complejas, como el agotamiento físico, mental y emocional vinculado al trabajo (burnout), ansiedad y depresión.
A menudo pueden añadirse otros síntomas fisiológicos, como problemas cardiovasculares, gastrointestinales o inmunológicos, entre otros. Además, hay un alto riesgo de que ante el estrés generado por el teletrabajo se puedan adoptar conductas de afrontamiento no saludables, tales como desarreglos alimentarios, consumo excesivo de alcohol, o consumo de sustancias.

Otros problemas generados a partir de las circunstancias excepcionales relacionadas con la actual pandemia, incluyen interrupción de la rutina normal, con cambios en los biorritmos (horario de dormir y de despertar, alimentación a intervalos irregulares), disminución de actividad física y sedentarismo debido a las restricciones de movilidad, pérdida de cuidados personales, y alteración de la higiene.

¿Cómo podemos paliar y manejar las consecuencias psicológicas que pueden surgir?

Es necesario pensar integralmente los escenarios de teletrabajo, impulsando también la organización personal y el desarrollo de estrategias de manejo del estrés y de regulación emocional.
A fin de mitigar las consecuencias de la situación actual y del teletrabajo, las siguientes medidas deberían tenerse en cuenta para incorporarlas e intentar mantenerlas. Todas ellas representan recomendaciones para llevar de una manera más saludable la rutina del teletrabajo:

1) Mantener las relaciones sociales y la comunicación.
Es sabido que las relaciones sociales reducen la probabilidad de aparición de trastornos relacionados con el estrés. La interacción social en el lugar de trabajo es de suma importancia. Es muy importante intentar mantener el contacto social, dentro de lo recomendado por las circunstancias actuales. Introducir la videoconferencia como alternativa para mantener la comunicación puede ser una opción válida. Intentar mantener contacto con los compañeros y jefes; y también con familiares y amigos. Animarse a compartir con ellos el estado de ánimo que uno presenta es recomendable.

2) Establecer una agenda de trabajo y descansos.
Fijar un horario de trabajo (puede ser más o menos flexible, pero bien delimitado). Suele funcionar bien poner pequeñas alarmas cada dos o tres horas para descansar (ir al baño, beber algo, hacer estiramientos). Con unos pocos minutos sin mirar a la pantalla se refresca la vista y la mente. Esto también puede ayudar a tomar conciencia si el ritmo de trabajo es el adecuado o se están asumiendo más tareas de las que uno puede abordar en su jornada laboral.

3) Cuidar los ritmos biológicos y hábitos alimentarios.
Respetar las horas de sueño necesarias, y la alimentación sana y regular. Evitar comer fuera de horario o extender el horario laboral hasta la noche. Estas recomendaciones pueden repercutir de forma favorable directamente en nuestro organismo y, por tanto, en nuestra mente.

4) Dosificar la tecnología.
Ahora, más que nunca, el portátil y el móvil son herramientas de trabajo, pero eso no significa que uno deba estar conectado 24 horas. Es recomendable intentar que los momentos de ocio sean lo más analógicos posible, e idealmente que no sean llevados a cabo en la misma estancia en la que uno trabaja, ya que se corre el riesgo de volver a consultar el email laboral o contestar una llamada fuera de horario.

5) Realizar ejercicio físico.
El ejercicio físico es clave para ayudar a disminuir el estrés y también para evitar problemas derivados de las malas posturas. Conviene proponerse retos de movimiento diarios. Durante los mismos, evitar estar pendiente del móvil del trabajo.

6) Crear un espacio de trabajo positivo.
Intentar mantener un espacio de trabajo positivo. Que sea limpio, ligero, espacioso y alejado de la televisión u otras distracciones. Esto ayudará a crear un ambiente propicio para trabajar. También es útil que se establezcan estancias diferentes para el trabajo y para la relajación. Esto separará el espacio de trabajo del espacio de ocio en la casa.
7) Mantener una rutina sólida.
Las rutinas, ayudan a organizar los ritmos biológicos, otorgan seguridad y permiten planificar el tiempo libre. Programar reuniones diarias e intentar mantener una agenda estructurada. Establecer horarios específicos para los descansos y la hora del almuerzo. Estas medidas ayudan a realizar pausas regulares. El objetivo de esto es inculcar un cierto sentido de rutina y normalidad en el día a día.
8) Fomentar la desconexión.
Es una de las estrategias fundamentales para cuidar la salud mental. Meditar, leer, hacer yoga y pintar son excelentes ejemplos de cosas que se pueden hacer fuera del trabajo.

 

A partir de lo expuesto, queda claro que para llevar adelante la tarea laboral en casa es importante no solo contar con el soporte tecnológico necesario, sino también con las herramientas psicológicas apropiadas.
Si bien es aconsejable implementar estas estrategias durante esta pandemia de coronavirus, se recomienda aplicarlas y mantenerlas en el tiempo, siendo una oportunidad para revisar y replantear la organización del trabajo, a fin de garantizar un bienestar duradero y gestionar el estrés laboral de una forma adecuada.
Debido al contexto que estamos viviendo, existe actualmente una elevada presión en el ámbito laboral,  también estrés a nivel familiar y social, y sobreinformación en las redes sociales. Por lo tanto, ahora más que nunca, la conversación sobre los problemas de salud mental, el bienestar emocional y la salud física deberían ser una prioridad. Establecer esta prioridad no solo mejorará la productividad laboral, sino que en gran medida ayudará a conducir hacia una sociedad más feliz.

 

Mariano Bellina

El Dr. Mariano Bellina  es médico psiquiatra, psiquiatra infanto-juvenil y sexólogo clínico. Se graduó de Medico en la Universidad de Buenos Aires en 2002. Se formó como Pediatra en el Hospital Garrahan (Buenos Aires, Argentina). Posteriormente realiza la carrera de especialista en Psiquiatría Infanto-Juvenil, en la Universidad de Buenos Aires (Hospital Pedro de Elizalde). Completa la residencia en Psiquiatría, en el Hospital Universitario Vall d´Hebron, de Barcelona, en 2015. En 2017 finaliza el Máster de Sexología Clínica y Salud Sexual, realizado en la Universidad de Barcelona (en el Hospital Clinic de Barcelona). Ha realizado cursos de formación en diferentes modelos psicoterapéuticos (Psicología positiva, EMDR, Mindfulness, Entrevista Motivacional, Terapia Cognitivo Conductual y Psicoanálisis).